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1989-3809
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1138-2635


Escritos de Psicología
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Volumen 11 / Número 1 ·Enero-Abril 2018
 
Violencia en el noviazgo, género y apoyo social en jóvenes universitarios
Dating violence, gender and social support among college students

[pp. 1-9]
[DOI: 10.5231/psy.writ.2018.2203]
Rogelio Rodríguez Hernández, Leticia Riosvelasco Moreno y Nemesio Castillo Viveros
Departamento de Ciencias Sociales, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, México
 

En virtud de las diferencias de género en la violencia en el noviazgo, la importancia que tiene el apoyo social en su desarrollo y de la relativa escasez de los respectivos estudios en México y Latinoamérica, en el presente artículo se muestra una investigación que analiza la relación entre el apoyo social percibido de familiares y amigos y la victimización en relaciones de noviazgo en 679 estudiantes universitarios de Ciudad Juárez, México (mujeres = 67%; edad media = 20.5; DE = 2.1). En este estudio se llevaron a cabo análisis separados para hombres y mujeres. Se encontró que los hombres experimentan una frecuencia mayor de violencia que las mujeres y que la percepción de apoyo de las amistades se asoció de forma inversa con varios tipos de victimización. Por el contrario, en las mujeres el apoyo social de ambas fuentes tuvo poca relación con la violencia experimentada. Los resultados se discuten en virtud de utilidad para guiar los estudios futuros sobre el tema y las intervenciones de prevención en el ámbito mexicano y latinoamericano.

Palabras Clave: violencia, noviazgo, género, apoyo social.

This study was motivated by the phenomenon of gender differences in dating violence, the importance of social support in this setting, and the relative scarcity of studies on dating violence in Mexico and Latin America. It analysed the association between perceived support from family and friends and dating violence victimization in a sample of 679 college students from Ciudad Juarez, Mexico (n = 679; women = 67%; mean age = 20.5, SD = 2.1). Mean and women were analysed separately. Men experienced violence more frequently than women. Social support from friends was associated with various types of victimization in men. In contrast, support from family and friends was weakly associated with violence experienced by women. The results are discussed in terms of their potential to guide both future studies on this topic and prevention efforts in Mexican and Latin-American settings.

Key Words: violence, dating, gender, social support.

 

Cómo citar este artículo: Rodríguez Hernández R., Riosvelasco Moreno, L. y Castillo Viveros, N. (2918). Violencia en el noviazgo, género y apoyo social en jóvenes universitarios. Escritos de Psicología, 11, 1-9.

 

Correspondencia: Sergio Rodríguez Hernández. 6070 Blvd E Ste 106 Pmb 393. El Paso, Texas 79905-2027. USA. E mail rogelio.rodriguez@uacj.mx. Email del coautor Leticia Riiosvelasco Moreno: lrios@uacj.mx. E mail del coautor Nemesio Castillo Viveros: nemesio.castillo@uacj.mx.


Introducción

En las últimas décadas ha crecido la consciencia pública en México y Latinoamérica sobre el riesgo que representan los vínculos interpersonales más cercanos para experimentar violencia. Si bien las relaciones interpersonales íntimas son un ámbito para vivir amor y aceptación, también pueden propiciar el ejercicio del poder y la violencia, lo que por consecuencia afecta negativamente la vida de los involucrados. En este sentido, las relaciones de pareja que sostienen los adolescentes y jóvenes no son ajenas a esto. Así, la violencia en el noviazgo se define como todos aquellos actos que lastiman a la otra persona en una relación donde existe atracción y en la que los miembros de la pareja salen juntos (Close, 2005). Esta manifestación de la violencia incluye acciones, actitudes y expresiones que dañan o tienen el potencial de dañar física, emocional o sexualmente a la pareja con quien se comparte una relación afectiva sin vinculo marital (Castro y Casique, 2010). Como se expondrá a continuación, la violencia en el noviazgo tiene una amplia presencia en la población juvenil de México y otros contextos nacionales, generando efectos que pueden trastocar el bienestar de los afectados.

Prevalencia y consecuencias de la violencia en el noviazgo
Se debe decir que, si se comparan con las investigaciones sobre el maltrato en los vínculos matrimoniales, existe un número menor de estudios que abordan el tema de la violencia en el noviazgo, en especial en Iberoamérica. A pesar de esto, la información disponible indica que una proporción importante de los jóvenes en muchos lugares del mundo viven cotidianamente agresiones en las relaciones de noviazgo. De esta forma, en el caso de los adolescentes de origen latinoamericano en los Estados Unidos se ha encontrado que el 19.5% de ellos reportan haber experimentado violencia en el noviazgo en el año previo a la entrevista (Sabina y Cuevas, 2013). En España, también se han observado altas frecuencias de violencia en relaciones románticas con muestras de estudiantes (por ejemplo, Pazos-Gómez, Oliva-Delgado y Hernando-Gómez, 2014; Sánchez-Jiménez, Ortega-Rivera, Ortega-Ruiz y Viejo-Almanzor, 2008).

En lo que respecta a la República Mexicana, se puede citar el estudio elaborado por el Instituto Mexicano de la Juventud (IMJ) y la Secretaría de Educación Pública (SEP) (2008), llevado a cabo con una muestra representativa de jóvenes solteros de ambos géneros de 15 a 24 años a nivel nacional. Algunos de los hallazgos fueron que el 15% de los encuestados habían experimentado por lo menos un episodio de violencia física por parte de una pareja y que la violencia psicológica había sido vivida por poco más de las tres cuartas partes de los jóvenes entrevistados.

En otro orden de ideas, la relevancia de estudiar la violencia en el noviazgo está, por un lado, en los efectos adversos que tiene en la vida de los afectados. De tal forma, se sabe que existe una relación entre la victimización en el noviazgo y la depresión, uso de alcohol, pensamientos suicidas y bajo aprovechamiento escolar (Banyard y Cross, 2008). Además, la violencia incrementa el riesgo de otros problemas psicosociales. Por ejemplo, Silverman, Raj, Mucci y Hathaway (2001) encuentran en adolescentes mujeres de origen norteamericano que la violencia incrementa la probabilidad de consumir cocaína, iniciar tempranamente la vida sexual y realizar actos no saludables para perder peso. Incluso, los efectos perjudiciales del abuso en el bienestar de los jóvenes pudieran experimentarse en el largo plazo (Ackard, Eisenberg y Neumark-Sztainer, 2007). Por otro lado, la importancia de comprender la violencia en el noviazgo está en que la misma es un antecedente para la violencia en los matrimonios. De tal forma, diversos estudios han mostrado que la violencia en los noviazgos aumenta el riesgo de la presencia de agresiones en las uniones conyugales (por ejemplo, Gómez, 2011).

Género y violencia en el noviazgo
Ahora bien, se debe reconocer que tanto hombres como mujeres pueden ser victimizados en una relación de noviazgo. Aunque la evidencia sobre si son las mujeres o los varones quienes viven con mayor frecuencia violencia en las relaciones de pareja no es concluyente (véase Straus, 2011, para un análisis y discusión sobre el tema), es un hecho que las tasas de victimización son altas para ambos géneros. En el caso de México, el estudio ya citado muestra que el 61.4% de las mujeres solteras jóvenes sufren abusos físicos; en comparación, el porcentaje correspondiente a los hombres fue de 46% (IMJ y SEP, 2008). Se debe recalcar que este porcentaje hace referencia a la prevalencia de violencia en el noviazgo, pero no da cuenta de su intensidad ni su frecuencia, lo que pudiera mostrar un panorama más complejo del problema.

Relacionado con lo anterior, también se sabe que, independientemente de qué género es el más victimizado, la experiencia de violencia en el noviazgo es diferente para hombres y mujeres, tanto en lo referente a los factores que aumentan su probabilidad como en los efectos experimentados. En cuanto la victimización, Yan, Howard, Becker, Shattuck y Kallmark-Kerr (2010) encuentran en adolescentes hispanos (de 11 a 13 años) en los Estados Unidos que la recepción de violencia física en una relación de noviazgo estuvo relacionada con el consumo excesivo de alcohol en las mujeres, en tanto que en los hombres se asoció con el consumo de alcohol, la portación de armas de fuego y los pensamientos suicidas. En tanto, O’Keefe y Tresiter (1998) exploraron el peso de varios predictores en la recepción de violencia física, sexual y amenazas, encontrando que para los varones dichas variables estuvieron asociadas con la perpetración de violencia. En cambio, para las mujeres, los predictores para la victimización fueron el creer que la violencia del hombre hacia la mujer es justificada, la insatisfacción y conflictos en la relación de pareja, la baja autoestima y la exposición a la violencia en sus comunidades.

Asimismo, las diferencias de género se trasladan a los factores predictores de la perpetración de la violencia. De esta manera, Foshee, Linder, MacDougall y Bangdiwala (2001) llevaron a cabo un estudio longitudinal con más de 1000 estudiantes norteamericanos de nivel básico y encontraron que en las mujeres los factores que aumentaban la probabilidad de ejercer violencia un año y medio después de la primera medición fueron el uso de alcohol, el tener amigos víctimas de abusos en el noviazgo y el origen étnico. En cambio, en los varones el predictor fue el relativo a la aceptación de la violencia hacia las mujeres. Otros estudios también muestran diferencias de género en la perpetración de abusos hacia una pareja (por ejemplo, véase O’Keefe, 1997).

En lo referente a cómo cada género experimenta las secuelas de la violencia en el noviazgo, Callahan, Tollman y Saunder (2003) encuentran que la frecuencia y los niveles de victimización en estudiantes norteamericanos tenían diferentes efectos para hombres y mujeres. De tal manera, las mujeres vivían síntomas del trastorno de estrés postraumático y de disociación; en cambio, en los varones los niveles de victimización se relacionaron con los síntomas de ansiedad y depresión. Asimismo, Molidor y Tolman (1998) documentan que las mujeres enfrentaban episodios más severos de violencia y mayores reacciones emocionales ante éstos que los varones.

Violencia y apoyo social
Se debe decir que la violencia no obedece únicamente a los procesos ocurridos dentro de la pareja que la vive ni a las características de los involucrados, sino que también depende de lo que ocurre en los contextos sociales de los jóvenes. Por ejemplo, hay pruebas indicando que el contar con amigos que viven violencia en el noviazgo, ya sea como víctima o perpetrador, está asociado con la propia experiencia de violencia (Arriaga y Foshee, 2004). Lo anterior apunta a la necesidad de considerar la dinámica existente entre las redes sociales y los jóvenes en su vida cotidiana. En este sentido, el factor que puede arrojar luz sobre dicha dinámica es el apoyo social.

Por apoyo social se suele entender la provisión al individuo, por parte de su red social, de recursos materiales y de tipo psicológico con la intención de beneficiar la habilidad de aquél para hacer frente al estrés (Cohen, 2004). Es importante señalar que la provisión de recursos puede ejercerse de manera efectiva o percibirse como disponible por parte del individuo receptor del apoyo (Barrera, 1986) y que la red social incluye a las personas con las que se convive diariamente, tales como los familiares y amigos.

El apoyo social es capaz de amortiguar los efectos negativos de enfermedades y eventos negativos. En relación con su papel en la violencia de pareja, existe una abundante documentación mostrando un impacto positivo en la vida de las mujeres victimizadas, lo cual se traduce en que la ayuda de familiares y amigos es capaz de reducir las secuelas de la violencia en la salud física y mental de la mujer (Coker, Smith, Thompson, McKeown, Bethea y Davis, 2002; Coker, Watkins, Smith y Brandt, 2003) y hacer menos probable la ocurrencia de nuevos ataques (por ejemplo, Bybee y Sullivan, 2005).

La información sobre la importancia del apoyo social en el desarrollo de la violencia en el noviazgo y sus consecuencias es relativamente escasa; sin embargo, los estudios disponibles apuntan a un papel moderador. En este sentido, Holt y Espelage (2005) encontraron que el apoyo percibido de los padres moderó la relación entre la violencia física y emocional ocasionada por una pareja y los niveles de ansiedad y depresión. Lo anterior fue investigado en jóvenes norteamericanos de origen caucásico y afroamericano. En el contexto latinoamericano, García, Wlodarczyk, Reyes, San Cristobal y Solar (2014) encontraron en jóvenes chilenos que el apoyo social contribuía a su bienestar cuando recibían niveles bajos de humillaciones por su novia o novio.

En virtud de su potencial papel moderador, el apoyo social es una variable que merece ser explorada en la investigación de la violencia en las relaciones de noviazgo, con el fin de generar conocimientos que sirvan de base para la prevención e intervención del problema.

Es necesario puntualizar que el estudio del apoyo social debe tomar en cuenta las condiciones particulares del crecimiento adolescente y juvenil; específicamente, se requiere considerar que en la adolescencia los grupos de pares son un referente importante para la socialización y el desarrollo de la persona (véase Harris, 1995). Una prueba de ello se puede encontrar en Weisz, Tolman, Callahan, Saunders y Black (2007), quienes muestran que al experimentar violencia y diversos problemas en sus relaciones de noviazgo los jóvenes estudiados tenían una mayor probabilidad de confiar los sucesos a los amigos que a los padres. Por estas razones, en el abordaje del apoyo social en la violencia en el noviazgo es necesario tomar en cuenta las fuentes o personas donde se origina la ayuda.

En este sentido, la información existente muestra que el impacto del apoyo social en los jóvenes victimizados en una relación de noviazgo dependerá de la fuente de apoyo. Por ejemplo, Richards y Branch (2013) encuentran en mujeres victimizadas que el apoyo de los padres y las amistades ejercía un papel protector en contra de la baja autoestima, aunque dicha protección no ocurría en los síntomas de la depresión y las acciones no saludables para controlar el peso. Por su parte, en otro estudio publicado por las mismas autoras (Richards y Branch, 2012) se muestra que a mayores niveles de apoyo percibido de los amigos se experimentan menores niveles de perpetración y victimización en el noviazgo, sobre todo en las mujeres. En ese estudio el apoyo familiar no tuvo relación con el ejercicio o la recepción de la violencia. Asimismo, una investigación longitudinal encuentra que el apoyo de los amigos, pero no el de la familia, predecía la disminución de los niveles de violencia emocional (Richards, Branch y Kay, 2014).

En resumen, todo parece indicar que el apoyo social es un factor que ayuda a proteger a los jóvenes de los efectos adversos de la violencia en las relaciones de noviazgo. Sin embargo, el impacto del apoyo social en el bienestar de los jóvenes es un fenómeno complejo y con varios matices, uno de los cuales es el referente a las fuentes que proporcionan la ayuda o se perciben disponibles para asistir al individuo. Asimismo, la documentación presentada trata sobre el impacto del apoyo sobre las consecuencias en la salud de los jóvenes, quedando pendiente por abordar su papel en la reducción y prevención de la violencia. Por último, aún falta por documentar tales procesos en los adolescentes y jóvenes del contexto Latinoamericano.

El presente estudio
En virtud de las diferencias de género existentes en la experiencia de violencia en las relaciones de noviazgo entre los jóvenes, de la importancia que tiene el apoyo social en su desarrollo y de la relativa escasez de los respectivos estudios en México y Latinoamérica, la presente investigación tiene como objetivo analizar la relación entre el apoyo social percibido y la victimización en el noviazgo en una muestra de jóvenes universitarios del norte de México, concretamente de Ciudad Juárez. De forma específica, se tiene la intención de estudiar la asociación entre el apoyo percibido de dos fuentes (familia y amigos) y la victimización de hombres y mujeres en las relaciones de noviazgo.

Método

Participantes
Los jóvenes que participaron en esta investigación fueron estudiantes de ambos géneros de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), quienes fueron seleccionados de forma no probabilística pero que debieron cumplir con las siguientes características:

a) Tener de 17 a 27 años.
b) Tener o haber tenido una relación de noviazgo con al menos de un mes de duración durante los últimos seis meses.
c) Ser solteros.
d) Aceptar participar de manera voluntaria e informada en el estudio.

En cuanto a los criterios de exclusión, se desechó la participación de aquellos jóvenes que estuvieran o hayan estado casados y/o cohabitando con una pareja.

En total, se logró la participación de 679 jóvenes (media de edad = 20.5; DE = 2.1), cuyas características más relevantes se presentan en la tabla 1, en la cual es posible apreciar que la mayoría de los participantes fueron mujeres (67%), que los hombres tuvieron una edad mayor que las mujeres (t [677] = 2.6; p ≤ .01) y la edad de sus parejas fue menor que en ellas (t [677] = -5.4; p ≤ .01). No obstante, ambos géneros no mostraron diferencias significativas en cuanto al tiempo de llevar la relación con su pareja (t [677] = -4; p ≥ .05). Tampoco se encontraron asociaciones entre el ser hombre o mujer, el vivir o no con ambos padres ( [1] = -2.14; p ≥ .05) y el género de su pareja ( [1] = -2.14; p ≥ .05).

Instrumentos
Los instrumentos empleados para el presente estudio fueron los siguientes:

a) Experiencia de violencia. La victimización en el noviazgo fue evaluada con el Cuestionario de Violencia entre Novios (CUVINO) (Rodríguez-Franco et al, 2010), validado en jóvenes hispanoparlantes y que aborda ocho tipos de violencia (desapego, humillación, violencia sexual, coerción, violencia física, ataques al género, castigo emocional y violencia instrumental) que pueden ocurrir en las relaciones de noviazgo, a través de 39 reactivos con cinco opciones de respuesta (de “nunca” a “siempre”). En el presente estudio se obtuvo una consistencia interna de .95. Mayores puntajes en el cuestionario indicaron una frecuencia de victimización más alta.
b) Apoyo social. Para conocer los niveles de apoyo social se hizo uso de la Escala de Apoyo Social Percibido de la Familia y los Amigos (PSS-Fa y PSS-Fr) en la versión adaptada para población mexicana de Domínguez, Salas, Contreras y Procidano (2011), la cual mide el apoyo social percibido de dos fuentes informales: la familia (16 reactivos) y los amigos (12 reactivos). El formato de respuesta para ambas escalas fue “No”, “No sé” y “Sí”. Los índices de consistencia interna obtenidos en este estudio fueron de .88 y .78 para las subescalas de apoyo de los familiares y amigos, respectivamente. A mayores puntajes obtenidos se tenían niveles más altos de apoyo social.
d) Información general. Asimismo, se elaboró un cuestionario que abordaba la información de carácter general y demográfica del participante a través de once reactivos (edad, género de la pareja, tiempo en la relación de noviazgo, etc.).

Procedimiento
Los instrumentos fueron autoadministrados y respondidos por los estudiantes en las aulas cuando finalizaban las clases. Al inicio de su participación, a los estudiantes se les explicaba de forma verbal y por escrito que su colaboración en el estudio era confidencial, anónima e independiente de los servicios que reciben de la universidad. Asimismo, al final de cada instrumento se incluía una dirección de correo electrónico para que los participantes escribieran sus dudas sobre la investigación o inquietudes con respecto a situaciones particulares de abuso. La recogida de datos se llevó a cabo en los meses de septiembre a noviembre del año 2015.

Análisis de datos
Las respuestas de las participantes en los instrumentos empleados se sumaron con el fin de crear índices en las variables bajo estudio. Las diferencias entre hombres y mujeres con respecto a los índices de victimización y apoyo social se compararon con la prueba T de Student. En tanto, la relación entre las variables relativas al apoyo social y la violencia se exploró mediante el coeficiente de correlación de Pearson. Para el análisis de los datos se empleó el paquete estadístico SPSS 20.0.

Resultados

Un primer paso para analizar los datos obtenidos consistió en explorar las diferencias entre hombres y mujeres en las medias de las variables estudiadas. De tal forma, los hombres obtuvieron medias más altas que las mujeres en todos los índices de victimización, con la excepción de los relativos a los ataques al género. En el caso del apoyo social, en las mujeres se observó una media mayor de percepción de apoyo social familiar. Por el contrario, en el apoyo percibido de las amistades no se encontró alguna diferencia de significancia estadística entre varones y mujeres (véase la tabla 2).


Por otra parte, un segundo paso para analizar la información recabada fue el llevar a cabo una serie de análisis de correlación entre los índices de victimización en el noviazgo y la percepción de apoyo de familiares y amigos. Por ser uno de los objetivos centrales del estudio se efectuaron análisis por separado para hombres y mujeres. La tabla 3 muestra los resultados de dichos análisis.


De tal manera, en los varones se encontró que el apoyo percibido de las amistades tuvo correlaciones negativas de significancia estadística con todos los indicadores de violencia, exceptuando el castigo emocional. En cambio, el apoyo percibido de la familia únicamente se asoció significativamente con los ataques al género y el castigo emocional.

En las mujeres, el apoyo social de la familia tuvo relaciones significativas de dirección negativa con el desapego, las humillaciones y el castigo emocional. Por su parte, la percepción de apoyo de las amistades se asoció negativamente con los ataques al género, el castigo emocional y la violencia instrumental. Es necesario recalcar que todas las correlaciones de significancia estadística encontradas fueron débiles o moderadas.

Discusión

El presente estudio es una aproximación a la comprensión de la violencia en los noviazgos de los jóvenes mexicanos, por lo que se espera que los resultados presentados en estas páginas puedan ser articulados con propuestas para la prevención y erradicación de la violencia de pareja en dicho contexto.

Así las cosas, se arrojaron diferencias de género con respecto a las variables estudiadas. En el caso de la violencia, se encontró que ambos géneros son victimizados en las relaciones de noviazgo, aunque los varones en mayor medida que las mujeres en casi todas las expresiones de la violencia. Cabe mencionar que la victimización de hombres y mujeres en el noviazgo es algo consistente con lo encontrado en estudios efectuados en otros contextos nacionales (Pazos-Gómez, Oliva-Delgado y Hernando-Gómez, 2014; Sánchez-Jiménez, Ortega-Rivera, Ortega-Ruiz y Viejo-Almanzor, 2008). Sin embargo, es necesario recordar que el instrumento para evaluar la violencia usado en este estudio mide la frecuencia de la victimización, más no su intensidad. Por ello, se debe ser cauto con este resultado.

Otra diferencia encontrada entre los géneros fue la referente a la percepción de apoyo social; en concreto, el apoyo percibido de la familia, en donde las mujeres tuvieron puntajes significativamente más altos que los varones. Pero en el caso del apoyo percibido de los amigos no hubo diferencias significativas. Dicho resultado significa que en la adolescencia y juventud hombres y mujeres estén fuertemente orientados hacia el grupo de pares, buscando en éste retroalimentación, confianza y consejos, diluyendo por tanto cualquier diferencia de género al respecto. Sea como fuere, este hecho indica la importancia de que en las investigaciones sobre el tema se exploren por separado las principales fuentes de ayuda informal de los jóvenes y adolescentes.

Con respecto a la relación entre la percepción de apoyo social y violencia experimentada, la percepción de apoyo de los amigos se asoció negativamente con los abusos, principalmente en los varones y en menor medida en las mujeres. Este hallazgo es congruente con algunos estudios (Richards y Branch, 2012; Richards, Branch y Kay, 2014) e indica que los jóvenes se dirigen a las amistades, pero no a la familia, para confesarles los eventos negativos que ocurren en sus relaciones.

Sin embargo, se debe enfatizar que la percepción de apoyo apenas se asoció con la victimización en las mujeres, lo que es contrario a lo encontrado en diversos estudios con mujeres adultas (Bybee y Sullivan, 2005; Matud-Aznar, Aguilera-Ávila, Marrero-Quevedo, Moraza-Pulla y Carballeira-Abella, 2003). Es de notarse que esta falta de asociación se dio con la violencia física y sexual, las cuales merecen atención urgente debido a su gravedad. Esto puede significar que aún y cuando las mujeres cuenten con apoyo suficiente de familia y amigos, éste no sea efectivo para enfrentar la violencia, debido a su falta de adecuación a la situación o que esté acompañado por críticas o comentarios donde se les culpabilice de la situación. También es posible que, aunque confíen en familiares y amigos para muchos eventos de la vida, no les revelen o confiesen la violencia sufrida por miedo o vergüenza, privándose en consecuencia de los beneficios de la ayuda informal. En general, en ambos géneros las correlaciones entre apoyo social percibido y victimización fueron bajas. Por esta razón, en un futuro conviene indagar los procesos relacionados con el reconocimiento y la revelación de las experiencias de violencia a los otros significativos.

Todo lo anterior confirma que, por lo menos en los participantes de esta investigación y a pesar de las similitudes encontradas entre ambos géneros, hay una experiencia de violencia masculina y otra femenina, la cual es configurada por la frecuencia en que se reciben las agresiones y el papel que las personas significativas del entorno inmediato a los jóvenes parecen reaccionar ante éstas. Además, este estudio confirma que la dinámica de la violencia en las relaciones de noviazgo es un fenómeno que también depende de las redes sociales de los jóvenes.

En cuanto a las limitaciones de este estudio, se debe señalar su carácter transversal, el tipo de muestreo utilizado y el instrumento empleado. En el primer caso, no es posible establecer relaciones de causa y efecto entre las variables estudiadas. Sobre el tipo de muestreo empleado, se reconoce que por ser de tipo no probabilístico no es posible generalizar los resultados a toda la población estudiantil ni mucho menos a la totalidad de los jóvenes, toda vez que los jóvenes que acceden a la educación universitaria son una minoría en el país (Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2016). Por tanto, cabría preguntarse cómo es la experiencia de violencia en el noviazgo en aquellos jóvenes que desde temprana edad abandonan el sistema educativo. Aunado a lo anterior, el cuestionario empleado para medir la violencia no considera la intensidad de los actos violentos ni su gravedad.

Por último, se sugiere replicar este estudio en otras poblaciones de jóvenes y con instrumentos que también exploren la severidad de la violencia. El empleo de diseños distintos al transversal es otra recomendación para tomar en cuenta en las futuras investigaciones. En cuanto a las intervenciones, se sugiere considerar un abordaje comunitario del problema, en el cual se trabaje con las redes informales (familias, grupos de pares, etc.) de tal manera que éstas puedan actuar efectivamente cuando algún integrante de la comunidad experimente violencia.

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RECIBIDO: 16 de enero de 2017
REVISADO: 29 de noviembre de 2017
ACEPTADO: 22 de marzo de 2018

 

 

 
   
                                                 
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