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1989-3809
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1138-2635


Escritos de Psicología
forma parte de EBSCO



 

Volumen 2 / Número 1 ·Diciembre 2008
 

Las relaciones sentimentales en la adolescencia: satisfacción, conflictos y violencia

[pp. 97-109]
 
Virginia Sánchez Jiménez 1, Fco. Javier Ortega Rivera 1, Rosario Ortega Ruiz 2, Carmen Viejo Almanzor 2

1 Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, Universidad de Sevilla
2 Departamento de Psicología. Universidad de Córdoba
 

El presente estudio supone una primera aproximación descriptiva al estudio de la calidad de las relaciones sentimentales adolescentes y a la presencia de comportamientos violentos en estas primeras relaciones. Se entrevistó a 446 adolescentes de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato (47.50% chicos, 52.50% chicas, edad media 16.08 años) con relación a la satisfacción con sus relaciones de pareja, sus expectativas, grado de comunicación, presencia de conflictos, poder, comportamiento transgresivo y violencia. Los resultados descriptivos han mostrado que las relaciones de pareja durante la adolescencia son muy importantes para los chicos y chicas dado que el 90% de éstos afirmaron haber tenido alguna experiencia sentimental. Los adolescentes afirmaron estar muy satisfechos con sus relaciones sentimentales, siendo las chicas y los participantes de mayor edad los que más satisfacción y expectativas mostraron. Con relación a los problemas de violencia, los resultados han mostrado una implicación alta, aunque ocasional, de chicos y chicas con independencia de la edad y del comportamiento analizado: agresión y victimización.

Palabras clave: Adolescencia, relaciones sentimentales, violencia.

This study aims at analysing adolescents’ romantic relationships and dating violence. 446 Secondary Schools students were interviewed (47.50% boys, 52.50% girls, mean age 16.08 years old) in terms of satisfaction, expectations, communication, conflicts, transggressive orientation and dating violence. Results have showed that 90% of participants affirmed have had a sentimental experience, expressing how romantic relations in adolescence become a very important aspect in these years. Adolescents declared that they were very satisfied with their dating relations, and girls and older participants showed more satisfaction and future expectations than boys and younger ones. Dating violence was very present, but occasionally, among boys and girls. No differences were found either for age, sex, or for aggression and victimization.

Keywords: Adolescence, romantic relationships, dating violence.

 

Durante las últimas dos décadas estamos asistiendo al desarrollo de una incipiente línea de investigación que centra su atención en las relaciones de pareja durante la adolescencia y, en concreto, en los conflictos y comportamientos violentos que aparecen en éstas (Archer, 2000; Lewis y Fremouw, 2000). Este interés se debe principalmente al cambio que se ha producido en la concepción de la adolescencia como un período en el que las relaciones sentimentales se caracterizaban por ser puntuales aunque frecuentes, con bajo compromiso (Collins, 2003), y donde la aparición de fenómenos violentos se presentaba como algo esporádico o extremadamente raro (Lewis y Fremouw, 2000; Riggs, O’Leary, y Breslin, 1990). Por el contrario, numerosas investigaciones han puesto de manifiesto como muchas de estas primeras relaciones tienden a consolidarse a lo largo del tiempo (Carver, Joyner y Udry, 2003; Rice, 1990), demostrando cómo a medida que los jóvenes son mayores el porcentaje de quiénes han tenido una relación aumenta desde el 25% en la adolescencia inicial, hasta aproximadamente el 75% en la adolescencia tardía (Collins, 2003, Furman, 1999; Menesini y Nocentini, 2008; Muñoz-Rivas, Andreu, Graña, O`Leary y González, 2007a). Al mismo tiempo que se produce este incremento en el número de adolescentes que tienen relaciones sentimentales, también se produce un cambio en los aspectos cualitativos de las mismas: son relaciones más duraderas, con mayor intimidad, y suponen un contexto de mayor seguridad y apoyo para los adolescentes (Furman y Wehner, 1994; 1997; Feiring, 1996; Martínez, 1997; Martínez y Fuertes, 1999; Tani y Fonzi, 2005). El efecto del sexo también se ha dejado sentir en los estudios realizados, al menos en nuestro país. Así, las chicas afirman mantener relaciones más serias, de mayor duración y con mayor compromiso e intimidad (Martínez, 1997; Martínez y Fuertes, 1999).

Connolly y colaboradores (Connolly, Craig, Goldberg y Pepler, 1999; 2004; Connolly y Goldberg, 1999), han propuesto un modelo en fases o estadios que permite comprender el proceso de aparición, creación y consolidación de las primeras relaciones de pareja durante la adolescencia, contemplando también los cambios cualitativos que se producen en éstas. La primera fase se caracteriza por el predominio de la atracción física que no tiene porqué estar acompañada de una interacción real; en la segunda aparecen ya las primeras citas más o menos estables, que se caracterizan por ocurrir dentro del grupo de iguales, que en estos años se configuran como grandes pandillas mixtas que se reúnen para pasar el tiempo libre. En la tercera fase aparecen las primeras citas de pareja sin la presencia del grupo de iguales, pero son citas que se caracterizan por ser casuales y no estables. Por último, durante la cuarta fase predomina la relación de pareja con cada vez menos presencia del grupo de iguales, que conlleva un progresivo aumento de la implicación en la relación, intimidad y compromiso (Connolly et al, 2004).

Sin embargo, desde la investigación también se concluye que a medida que las relaciones se van haciendo más serias y estables, aumenta el número de conflictos, se comienzan a establecer dinámicas relacionales basadas en el dominio (Furman y Buhrmester, 1992; Shulman y Scharf, 2000) e incluso, de forma más frecuente de lo esperado, aparecen comportamientos violentos entre las parejas (Archer, 2000; Lewis y Fremouw, 2000), que en la bibliografía internacional se denomina dating aggression y/o dating violence (Collins, 2003; Furman, 2002; Wekerle y Wolfe, 1999).

Los datos que los estudios nacionales e internacionales presentan del fenómeno no dejan de ser alarmantes y controvertidos, encontrando índices de prevalencia que varían desde el 20% al 60%. Algunos autores explican este hecho por la diferente terminología que los estudios utilizan para denominar este tipo de comportamientos (Archer, 2000; Capaldi y Gorman-Smith, 2003; Jackson, 1999; Menesini y Nocentini, 2008). Si el termino agresividad pone el énfasis en la conducta, el término violencia tiene más en consideración las consecuencias derivadas de la conducta. En España, sin embargo, la traducción realizada ha sido violencia en las relaciones de pareja adolescente, tal y como se refleja en la mayoría de estudios desarrollados (González y Santana, 2001; Muñoz-Rivas et al., 2007a; 2007b; Ortega, Ortega-Rivera y Sánchez, 2008, Ortega, Sánchez, Ortega-Rivera y Viejo, 2008).

Por otro lado, el término dating también ha supuesto un reto conceptual y metodológico para los países no anglófonos, ya que no tiene una traducción clara, al menos en castellano. Los resultados de un estudio cualitativo realizado con adolescentes desde los 13 a los 20 años a los que preguntamos sobre las diferencias entre salir con alguien, tener una pareja seria (tener novio en palabras de los adolescentes) o tener encuentros esporádicos o casuales, nos permiten concluir que la mejor traducción para el término es salir con alguien, si bien a la hora de referir a la persona con la que sales se utilicen los términos “mi pareja” o “mi novio”(Ortega, Ortega-Rivera y Sánchez, 2008).

El último aspecto tiene que ver con la diferenciación del comportamiento agresivo que se esté analizando (físico, verbal, psicológico y sexual), así como la frecuencia con la que se presentan (Archer, 2000; Capaldi y Gorman-Smith, 2003; Ely, Dulmus y Wodarski, 2003; Frieze, 2000; Jackson, 1999; Lewis y Fremouw, 2001; O’Keefe, 2005; Wekerle y Wolfe, 1999). Así, encontramos que en algunos estudios se dan estimaciones globales del fenómeno, en otros se diferencian los tipos de comportamiento en verbal, físico, psicológico y/o sexual, mientras que en otros se diferencia tanto el tipo de comportamientos como la frecuencia de aparición de éstos (Menesini y Nocentini, 2008).

Desde la consideración de estas limitaciones conceptuales y metodológicas, los estudios con los que contamos en la actualidad nos permiten afirmar que la violencia en las relaciones sentimentales adolescentes aumenta de forma gradual con el paso de la adolescencia hasta alcanzar su cenit en torno a los 25 años, con un decrecimiento posterior que llega hasta los 35 años (Capaldi, Kim y Shortt, 2004). Con relación al estadio de la relación sentimental, los estudios concluyen en la misma dirección que para la edad: las relaciones serias están ligadas a los jóvenes de mayor edad, y son en éstas en las que aparecen más conflictos y más comportamientos agresivos (Furman y Buhrmester, 1992; Menesini y Nocentini, 2008; Shulman y Scharf, 2000).

Con relación al sexo, las investigaciones tampoco arrojan resultados concluyentes. Mientras que en algunos estudios no se muestran diferencias entre chicos y chicas (Moffit, Caspi, Rutter y Silva, 2002; Brendgen, Vitaro, Tremblay y Wanner, 2002), los resultados parecen ir en otra dirección cuando se analizan por separado los diferentes tipos de violencia, como la violencia sexual. Así, algunos trabajos han mostrado que los chicos agreden sexualmente más tanto a sus parejas (Fernández-Fuertes y Fuertes-Martín, 2005; Menesini y Nocentini, 2008; Ortega, Ortega-Rivera y Sánchez, 2008) como a los iguales (Ortega, Ortega-Rivera y Sánchez 2008) que las chicas, mientras que éstas expresan sufrir más agresiones y molestias que los chicos (O’Keefe, 2005; Bennett y Fineran, 1998; Foshee, 1996). El meta-análisis realizado por Archer clarifica algo más estos datos puesto que analiza las diferencias entre chicos y chicas, hombre y mujeres de diferentes edades y con relación a los diferentes tipos de violencia. En su estudio concluyó que las chicas agredían físicamente más a sus parejas que los chicos, al menos durante la etapa de los 14 años a los 22 años, mientras que durante el rango de edad 23-49 años eran los chicos y hombres quiénes más ejercían esta agresividad física (Archer, 2000).

En nuestro país, la mayoría de estudios realizados han utilizado el Conflict Tactics Scale-R desarrollado por Straus (1979). Pese a que es una escala que ha recibido importantes críticas debido a que no profundiza en las motivaciones, intenciones y consecuencias (Fernández-Fuertes, Fuertes y Pulido, 2006; O’Keefe, 2005), lo cierto es que continúa siendo de los instrumentos más utilizados en los diferentes países, entre ellos España (González y Santana, 2001; Muñoz-Rivas et al., 2007b; Montes-Berges, 2008). González y Santana (2001) mostraron que alrededor de un 7% de los chicos y chicas estaban implicados en violencia física directa, mientras que la implicación en violencia verbal, fue de un 23.90% en los chicos y de un 28.80% en las chicas. Más recientemente, Muñoz-Rivas y colaboradores (2007a), han encontrado índices mucho más altos: alrededor del 90% de los estudiantes de 16 a 20 años encuestados manifestaron que en algún momento habían agredido verbalmente a su pareja, mientras que el 40% expuso haber ejercido la violencia física. Las formas más severas de violencia física presentaron porcentajes del 4.60% en los chicos y el 2% en las chicas. Respecto al sexo, las chicas utilizaban más que los chicos las formas verbales, psicológicas y físicas leves mientras que los chicos utilizaron más las formas físicas graves. La edad también resultó significativa: mientras que los participantes más jóvenes utilizaban más las formas físicas, las formas verbales fueron igual de frecuentes con independencia de la edad.

De los resultados de los estudios realizados en nuestro país podemos concluir que el fenómeno de la violencia en las relaciones de pareja está muy presente en los jóvenes españoles, mostrándonos una incidencia similar a la mayor parte de las investigaciones internacionales. Sin embargo, en ninguno de estos trabajos se exploran otras características de las parejas adolescentes que permitan encontrar claves de cara a la posible explicación de este tipo de comportamientos. Creemos por tanto necesarios los estudios que presenten una visión general de la vida sentimental de los adolescentes; en los que se explore tanto la calidad de estas relaciones como la presencia de conductas violentas. Al mismo tiempo, y teniendo en cuenta las dificultades metodológicas que se han descrito para los estudios sobre violencia en las relaciones adolescentes, pensamos que son necesarios los trabajos en los que se realicen estimaciones del fenómeno a partir de la consideración de la frecuencia de aparición de las conductas (Ortega, Ortega-Rivera, Sánchez, 2008), con el objetivo de dar una visión más realista y ajustada de lo que acontece entre los adolescentes.

Los objetivos de este estudio han sido, por tanto, los siguientes:  

1. Establecer una primera aproximación a la vida sentimental adolescente a partir del análisis de variables, tanto cualitativas como cuantitativas, referidas a los estadios de la relación sentimental, en términos de satisfacción y de asunción de conflictos y dificultades de comunicación.

2. Analizar la presencia de comportamientos violentos en estas primeras relaciones sentimentales adolescentes y estudiar el sesgo que incluyen las variables sexo y estadios de la relación.

Método

Participantes

La muestra del estudio estaba compuesta por 446 alumnos y alumnas de segundo ciclo de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato, con una edad media de 16.08  años (d.e.=1.32) estando las edades comprendidas entre los 14 y 20 años. Tres Institutos de Educación Secundaria Obligatoria participaron en el estudio, dos de Sevilla (31.40% y 30.70% de la muestra) y uno de Córdoba (37.90%). El 52,5% eran chicas (234) y el 47.50% chicos (212).

Los participantes fueron entrevistados en su horario escolar. La administración de los cuestionarios se realizó de forma colectiva y el tiempo de administración fue de 50 minutos aproximadamente. Todos los estudiantes tenían el permiso familiar para completar los cuestionarios; aun así, varios chicos no accedieron a completarlos, estudiantes que fueron eliminados de la muestra.

Instrumentos

- Cuestionario de las primeras relaciones sentimentales.
Este instrumento es la adaptación a la población española del Dating Questionnaire (Connolly, Pepler, Craig y Taradash, 2000). Está dividido en dos grandes partes que analizan las dimensiones cuantitativas y cualitativas de las primeras relaciones sentimentales de los jóvenes. La primera incluye preguntas sobre la situación sentimental del adolescente-joven tanto presente como pasada (10 ítems que evalúan cuántas relaciones de pareja han tenido, duración de las mismas, y grado de satisfacción con la relación actual). La segunda parte profundiza en las experiencias de ruptura y el impacto emocional que este hecho ha tenido en los adolescentes (6 ítems).

- Cuestionario sobre violencia en las relaciones de pareja:
para medir la presencia de violencia en las parejas adolescentes utilizamos cuatro escalas, dos sobre violencia física (ejercida y recibida) y dos sobre violencia relacional (ejercida y recibida). Las dos escalas sobre violencia física están compuestas por 9 ítems derivados de la escala sobre violencia física del Conflict Tactics Scale de Straus (1979), escala validada recientemente en España por Muñoz-Rivas y colaboradores (2007b) y en su versión extensa por Montes-Berges (2008). Las dos escalas sobre violencia relacional se derivan del Relational Aggression Scale (Connolly et al., 1999) y se componen de tres ítems cada una. Todas las escalas evaluaban la frecuencia con que  chicos y chicas habían agredido o habían sido víctimas de conductas violentas dentro de la pareja, siendo el valor 0-nunca y el 4-casi todos los días. Los índices de fiabilidad para cada una de las escalas fueron los siguientes: “agresión física ejercida”  α=.73 (24.10% casos perdidos); “agresión física recibida” α=.78 (23% casos perdidos); “agresión relacional ejercida” α=.50, r=.25 (23% casos perdidos); “agresión relacional recibida”  α=.55 r=.30, (21.70% casos perdidos).

- Calidad de la relación de pareja. La calidad de la relación de pareja se evaluó utilizando dos instrumentos. El Network Relationships Inventory (Furman y Buhrmester, 1992), es un cuestionario compuesto por 17 ítems, medidos en escala likert 0-5, que evalúan la percepción de los chicos y chicas respecto a la calidad de su relación sentimental. Estos 17 ítems conforman seis escalas que valoran la “comunicación” dentro de la pareja –p.e. le cuento todo a mi novio/a- (α=.85; 10.80% casos perdidos), las “expectativas” de futuro -p.e. estoy seguro/a de que esta relación continuará a pesar de todo-(α=.93; 13.5% casos perdidos), “satisfacción” –p.e. paso el tiempo libre con mi novio/a-(α=.76; 9% casos perdidos), la presencia de “conflictos” en la pareja – p.e. mi novio/a y yo discutimos frecuentemente- (α=.87; 11.90% casos perdidos) y el desequilibrio de “poder”- p.e. ¿Cuántas veces alguno de los dos intenta ser el que manda en la relación? (α=.62, 14.3% casos perdidos). El segundo instrumento ha sido el Extreeme Peer Orientation Scale (Fulligni y Eccles, 1993), cuestionario que evalúa la tendencia al comportamiento transgresivo en la familia, iguales y la pareja. Para este estudio solo hemos utilizado la versión que valora la “conducta transgresiva” dentro de la pareja – p.e. ¿Cuántas veces has desobedecido a tu familia para que tu novio/a no te deje? (α=.64; 15.30% casos perdidos).

Resultados

El primer objetivo de este trabajo pretendía profundizar en la vida sentimental adolescente. Para ello utilizamos, por un lado, indicadores descriptivos de las relaciones sentimentales adolescentes, como la presencia o ausencia de pareja, el estadio de la relación sentimental y duración de ésta. Por otro lado, exploramos la calidad de las relaciones sentimentales de los adolescentes a partir del grado percibido de conflictos, poder, tendencia al comportamiento transgresivo, comunicación, expectativas de futuro y satisfacción con la pareja. Los resultados obtenidos se exponen a continuación.

Las relaciones sentimentales adolescentes

La tabla 1 recoge el porcentaje de participantes que en el momento de la administración del cuestionario afirmaron bien tener pareja, haberla tenido en el pasado o no haber tenido ninguna experiencia sentimental, en función de la edad y el sexo. Los resultados han mostrado que significativamente más chicas que chicos afirmaron tener una relación de pareja en el presente mientras que fueron más chicos los que dijeron haberla tenido en el pasado, χ²(2)=14,154, p<.001. Con relación a la edad, fueron los adolescentes de 17 años o más los que más afirmaron tener una relación en el presente, mientras que los más pequeños afirmaron haberla tenido en el pasado, alcanzando esta diferencia la significatividad estadística, χ²(4)=21,528, p<.000.


Tabla 1.
Adolescentes con pareja y sin pareja en la actualidad por edad y sexo (N= 419, casos perdidos 6.10%).

 

SEXO

EDAD

 

Chicos

Chicas

14-15

16

17-20

Pareja actual

31.80 %
(63)

49.80%
(110)

26.40%
(39)

47.30%
(52)

50.90%
(82)

Pareja pasado

57.60%
(114)

41.20%
(91)

61.50%
(91)

44.50%
(49)

40.40%
(65)

Nunca pareja

10.60%
(21)

9.00%
(20)

12.20%
(18)

8.20%
(9)

8.70%
(14)


Estas mismas diferencias encontradas para el sexo y la edad se han encontrado cuando analizamos la duración media de la relación de pareja. Los resultados han mostrado diferencias significativas entre chicos y chicas, F(1, 170) = 9.54, p = .002-, siendo que las chicas dijeron llevar como media 54.56 semanas mientras que los chicos 31.08. También se encontraron diferencias en función de la edad, F(2, 170) = 7.34, p=.001. Los análisis post-hoc utilizando el test Tamhane mostraron cómo la media de semanas de los chicos y chicas de 17 años o más fue significativamente mayor que la duración media de las relaciones de pareja de los de 14-15 años (59.42 vs. 25.05).
De acuerdo con las aportaciones de Connolly, Craig, Goldberg y Pepler (2004) establecimos la evolución de las relaciones sentimentales adolescentes a partir de la combinación de dos preguntas del Dating Questionnaire. Consideramos por tanto los siguientes estadios: a) “Encuentros o citas casuales”: se encontraban los chicos y chicas que respondieron afirmativamente a los siguientes ítems: Raramente salgo con alguien, No salgo con nadie; No me permiten salir con nadie; b) “Grupos mixtos”: Salgo con alguien pero en pandilla; Voy al cine, conciertos,… donde hay chicos y chicas; c) Relaciones sentimentales casuales: Salgo con alguien nosotros dos solos; Ocasionalmente salgo o veo a más de una persona; d) “Relaciones sentimentales serias”: Mi chico/a y yo estamos saliendo juntos; Mi chico/a y yo tenemos algo serio; Mi chico/a y yo estamos pensando en comprometernos, casarnos o vivir juntos, Estoy casado/a o convivo con mi pareja.

Las gráficas 1 y 2 presentan en qué estadio se encuentran los participantes de este estudio en función de la edad y el sexo. Como puede observarse, la mayoría de los chicos y chicas se encontraban en el estadio de los “grupos mixtos” y en estadio de “las relaciones serias”. Menos frecuentemente se encontraban en el estadio de las “relaciones casuales” y “encuentros casuales”. Pese a esta distribución similar, se han encontrado diferencias significativas entre chicos y chicas (χ² (2)= 12.65, p=.005) en el estadio de relaciones serias y en el estadio de relaciones casuales. En concreto, encontramos que las chicas afirmaron significativamente más que los chicos encontrarse en el estadio de relaciones serias mientras que más chicos que chicas dijeron encontrarse en el estadio de relaciones casuales. 


Gráfica 1.
Estadio de la relación sentimental en función del sexo.

N=439, 1,6% casos perdidos


Por lo que se refiere a las diferencias encontradas en función de la edad (ver gráfica 2), los resultados han mostrado cómo a medida que aumenta la edad las relaciones se hacen más serias. Así, encontramos que en el estadio “grupos mixtos” había más chicos y chicas de 14-15 años que de 16 y 17 o más, mientras que en el estadio de “relaciones serias” estaban los mayores. De nuevo, los estadios “relaciones casuales” y “encuentros casuales” fueron los menos frecuentes, siendo este último prácticamente inexistente en los chicos de 16 años (solo un chico de esta edad fue categorizado en este estadio frente a 10 de 14-15 años y 4 de 17 años o más). Es por ello, que de cara al análisis estadístico eliminamos a los chicos y chicas que se encontraron en este primer estadio. Los resultados han confirmado que a los 14-15 años era más probable que chicos y chicas se encontrasen en el estadio “grupos mixtos” que entre los 17-20 años (52.70% vs. 37.20%), mientras que por el contrario, entre los 17-20 años era más probable encontrarlos en el estadio “relaciones serias” en comparación con los chicos y chicas más jóvenes de este estudio (51.20% vs. 32.80%) siendo estas diferencias estadísticamente significativas (χ² (4)=12.24, p=.016).


Gráfica 2.
Estadio de la relación sentimental en función de la edad.

N=439, 1,6% casos perdidos


La calidad de las relaciones sentimentales en la adolescencia 


Para analizar la calidad de las relaciones sentimentales de los participantes de este estudio, seleccionamos a aquellos chicos y chicas que en el momento de administración de los cuestionarios afirmaron tener pareja o haberla tenido en los últimos seis meses. La muestra de participantes en esta segunda fase del estudio quedó compuesta por 378 estudiantes (201 chicas-53.2%) y una edad media de 16.10 (DT=1.31).

La tabla 2 presenta las puntuaciones medias obtenidas en cada una de las escalas evaluadas en función de la edad y el sexo. Como reflejan las medias, las dimensiones “satisfacción”, “expectativas de futuro” y “comunicación” presentaron puntuaciones cercanas al 4, reflejando, por tanto, que estos chicos y chicas se encuentran muy satisfechos con su pareja, se comunican bien con ella, y tienen buenas expectativas sobre el futuro de su relación. En sintonía con esta alta satisfacción, las escalas sobre “conflictos”, “poder” y “comportamiento transgresivo”, presentaron puntuaciones medias cercanas al 2, sugiriendo poca presencia de discusiones, pocos comportamientos y actitudes de dominación de unos sobre otros y poca tendencia al comportamiento transgresivo.


Tabla 2.
Puntuaciones medias de la calidad de las relaciones sentimentales por edad y sexo (N= 378, casos perdidos 13.50%).

 

SEXO

EDAD

 

Chicos
M

Chicas
M

14-15
M

16
M

17-20
M

Comunicación

3.55 (1.12)

3.76 (1.04)

3.34 (1.07)**

3.89 (1.07)

3.78 (1.03)

Satisfacción

3.87 (.90)**

4.17 (.70)

3.82 (.86)**

4.14 (.74)

4.14 (.76)

Expectativas

3.05(1.32)**

3.40 (1.34)

2.92 (1.35)**

3.47 (1.25)

3.35 (1.35)

Poder

1.83 (.92)

1.79 (.89)

1.85 (.92)

1.82 (.94)

1.77 (.87)

Conflictos

1.98 (.75)**

2.24 (.81)

1.97 (.80)*

2.20 (.76)

2.19 (0.80)

Tendencia al comportamiento transgresivo

1.68 (.62)**

1.49 (.59)

1.61 (.59)

1.62 (.60)

1.52 (.63)

**p<.001; *p<.005


El análisis de la influencia del sexo en cada una de las escalas ha arrojado diferencias significativas entre chicos y chicas. Así, son ellas las que se perciben más satisfechas, F(1, 346)=12.10, p=.001 son las que más expectativas tienen en su relación de pareja, F(1, 338)= 5.72, p =.017; y perciben que hay más conflictos F(1,345)=9.02, p=.003; aunque afirman no ceder a las peticiones de sus parejas, F(1, 326)=8.06, p=.005.

La edad también ha arrojado diferencias significativas en las escalas “comunicación”, F(2, 344)=8.09, p=.000; “satisfacción”, F(2, 346)=6.34, p=.002 y, “expectativas”,  F(2, 338)=5.08, p=.007-; y una tendencia importante para la escala “conflictos”, F(2, 345)= 3.21, p=.042. El análisis post-hoc utilizando el test Bonferroni ha señalado que son los chicos y chicas más jóvenes los que significativamente han puntuado más bajo en las cuatro escalas, si bien la diferencia de medias en la escala “conflictos” no ha alcanzado la significatividad estadística.  

La violencia en las primeras relaciones sentimentales adolescentes

El segundo objetivo de este trabajo pretendía profundizar en la presencia de violencia en estas primeras relaciones sentimentales adolescentes. En contra de lo presentado en estudios anteriores, donde el tratamiento de los resultados se ha hecho en términos absolutos, esto es, en términos de presencia del fenómeno, creemos que un tratamiento sensible a la frecuencia de aparición de las diferentes conductas ayudaría a presentar una visión más ajustada de la violencia en la adolescencia. Por ello diferenciamos si estos comportamientos estaban ausentes, ocurrían de forma ocasional (raramente o algunas veces), o muy frecuentemente (muchas veces o siempre). La tabla 3,  presenta la frecuencia de aparición de cada uno de los ítems explorados en función del sexo de los participantes tanto para el comportamiento violento ejercido como recibido.

Los comportamientos violentos que más acontecen entre las parejas adolescentes son aquellos que tienen una naturaleza relacional. Así, “insultar o meterse con la pareja” ha sido el comportamiento más ejercido y sufrido por los y las adolescentes del estudio, alcanzando valores entre 45-50%. Le siguen las “críticas”, los “empujones” durante las discusiones, “romper y dar patadas a las cosas”, y “las amenazas”. Los comportamientos menos frecuentes se corresponden con los más graves, como “asfixiar” o “golpear contra la pared”.   

Teniendo en cuenta la frecuencia de aparición de este tipo de conductas violentas, los resultados han mostrado que la mayoría de los adolescentes han afirmado cometer o sufrir estas agresiones de forma ocasional, encontrando que el 2.50-3% de los adolescentes parecen estar implicados en dinámicas violentas de forma muy frecuente.

El análisis por sexo ha mostrado como las chicas parecen más implicadas que los chicos en comportamientos como “tirar, romper, dar patadas a las cosas” para la victimización, y “abofetear” para la agresión. Realizamos también los mismos análisis con el objetivo de explorar las diferencias evolutivas en el comportamiento agresivo. Los resultados no han mostrado diferencias en los tres grupos de edad estudiados.


Tabla 3.
Frecuencia de aparición de los comportamientos violentos ejercidos y recibidos por sexo.

 

Agresión

Victimización

Chicos

Chicas

Chicos

Chicas

Ocasional

Muy frecuente

Ocasional

Muy frecuente

Ocasional

Muy frecuente

Ocasional

Muy
Frecuente

Criticar

28
21.90%

3
2.30%

52
31.50%

5
3.00%

36
26.90%

2
1.50%

41
24.70%

3
1.80%

Amenazar con dejarlo si no hace lo que le pides

17
13.30%

1
.80%

26
15.70%

2
1.20%

14
10.60%

3
2.30%

23
13.70%

1
.60%

Meterse con el otro

47
36.70%

6
4.70%

79
48.20%

9
5.50%

51
38.10%

8
6.00%

76
45.50%

6
3.60%

Dar empujones y agarrar fuerte

23
16.80%

4
2.90%

43
24.30

3
1.70%

30
20.80%

3
2.10%

25
15.10%

4
2.40%

Escupir

6
4.70%

1
.80%

5
3.00%

 

7
5.20%

1
.70%

3
1.80%

 

Tirar del pelo

13
10.20%

 

25
15.20%

2
1.20%

18
13.40%

1
.70%

15
9.00%

 

Abofetear, dar patadas

12
9.30%

 

29
17.70%

4
2.40%

20
14.80%

3
2.20%

15
9.00%

2
1.20%

Torcer el brazo

11
8.50%

 

13
7.90%

 

5
3.70%

2
1.50%

10
6.00%

2
1.20%

Tirar, romper, dar patadas a las cosas

30
23.10%

3
2.30%

39
23.60%

1
.60%

15
11.20%

1
.70%

48
28.70%

3
1.80%

Empujar contra la pared

10
7.80%

1
.80%

9
5.50%

 

2
1.50%

1
.80%

10
6.00%

 

Golpear o intentar golpear contra la pared

5
3.80%

 

6
3.60%

 

5
3.70%

 

6
3.60%

 

Intentar asfixiar

 

1
.80%

3
1.80%

 

1
.70%

 

2
1.20%

 


Con el objetivo de presentar datos globales que agruparan la naturaleza de los diferentes ítems computamos cuatro escalas de violencia (agresión relacional, agresión física, victimización relacional y victimización física). Las tablas 4 y 5 presentan el porcentaje de chicos y chicas  implicados en fenómenos violentos en el seno de las relaciones de pareja, tanto para las escalas de agresión como de victimización, en función del sexo y la edad.

Los resultados no han mostrado diferencias significativas ni entre chicos y chicas ni entre los participantes de diferentes edades para ninguna de las escalas computadas. Por lo que a las escalas de agresión se refiere, el 48% de los chicos y el 55% de las chicas afirmaron agredir a sus parejas ocasionalmente utilizando algunas de las formas preguntadas, siendo el 6.30% y el 8.50%  (chicos y chicas respectivamente) los que dijeron agredirlas de forma muy frecuente. La agresión física ha alcanzado valores similares a la agresión relacional si bien el porcentaje de chicos y chicas que han afirmado agredir a sus parejas físicamente de forma muy frecuente ha sido inferior en comparación con los índices encontrados para la violencia relacional (4.80% para chicos y 4.40% para las chicas). La edad tampoco ha arrojado diferencias.


Tabla 4.
Porcentaje de chicos y chicas agresores de sus parejas por sexo y edad (N=378, casos perdidos 22%).

 

 

Nunca

Ocasional

Muy frecuente

Total

 

Agresor Relacional

Chicos

58(45.70%)

61 (48%)

8 (6.30%)

127(100%)

χ2(2)=2.91
p=.234

Chicas

59(36%)

91(55%)

14(8.50%)

164(100%)

Agresor Físico

Chicos

68(52.40%)

53(42.70%)

6(4.80%)

124(100%)

χ2(2)=.63
p
=.731

Chicas

76(48.10)

75(47.50%)

7 (4.40%)

158(100%)

 

 

Nunca

Ocasional

Muy frecuente

Total

 

Agresor Relacional

14-15 años

39(43.80%)

44 (49.50%)

6 (6.70%)

89 (100%)

χ(4)=.86
p=.93

16 años

33(39.80%)

44 (53%)

6 (7.20%)

83 (100%)

+ 17 años

45(37.80%)

 64(53.80%)

10 (8.40%)

119 (100%)

Agresor Físico

14-15 años

44(51.20%)

39 (45.30%)

3 (3.50%)

86 (100%)

χ2(4)=3.03
p=.553

16 años

35(42.70%)

42 (51.20%)

5 (6.10%)

82 (100%)

+ 17 años

62(54.40%)

47 (41.20%)

5 (4.40%)

114 (100%)


En consonancia con la ausencia de diferencias encontradas para la agresión, los resultados tampoco han arrojado diferencias significativas por lo que se refiere a la victimización (ver tabla 5). De nuevo, alrededor del 50% de los chicos y chicas han afirmado haber sufrido las agresiones relacionales de sus parejas ocasionalmente, siendo el 6.80% de los chicos y el 5.40% de las chicas los que la han sufrido con frecuencia. Respecto a la violencia física sufrida, las chicas han afirmado haber sufrido más que los chicos las agresiones físicas de sus compañeros (39.20% vs. 32.60%) si bien estas diferencias no han alcanzado la significatividad. Los casos de victimización muy frecuentes han oscilado entre el 3.60% de las chicas y el 5.30% de los chicos. No se han encontrado diferencias estadísticas por lo que a la edad se refiere.


Tabla 5.
Porcentaje de chicos y chicas victimizadas por sus parejas por sexo y edad (N=378, casos perdidos 22%).

 

 

Nunca

Ocasional

Muy frecuente

Total

 

Víctima  Relacional

Chicos

60(45.10%)

64 (48.10%)

9 (6.80%)

133 (100%)

χ2 (2)= 1,05
p=.592

Chicas

68 (40.70%)

90(53.90%)

9 (5.40%)

167 (100%)

Víctima Física

Chicos

82 (62.10%)

43 (32.60%)

7 (5.30%)

132 (100%)

χ2 (2)= 1.66
p
=.437

Chicas

95 (57.20%)

65 (39.20%)

6 (3.60%)

166 (100%)

 

 

Nunca

Ocasional

Muy frecuente

Total

 

Víctima Relacional

14-15 años

42(46.20%)

44(48.40%)

5 (5.50%)

91 (100%)

χ(4)= .82
p=.935

16 años

36(42.90%)

43 (51.20%)

5 (6 %)

84 (25.60%)

+ 17 años

50(40%)

67 (53.60%)

8 (6.40%)

125 (100%)

Víctima Física

14-15 años

58(63.70%)

29 (31.90%)

4 (4.40%)

91 (100%)

χ2(4)= 1.72
p=.786

16 años

45(54.20%)

34 (41%)

4 (4.80%)

83 (100)

+ 17 años

74(59.70%)

45 (36.30%)

5 (4%)

124 (100%)


Discusión

El primer objetivo de este trabajo pretendía analizar las variables cuantitativas y cualitativas relacionadas con las relaciones sentimentales de los y las adolescentes. Los resultados han mostrado que alrededor del 90% de los participantes del estudio han tenido alguna experiencia sentimental, confirmando la importancia que estas primeras relaciones juegan en el desarrollo adolescente (Carver, Joyner y Udry, 2003; Collins, 2003). Esta importancia es creciente con relación a la edad ya que aumenta el número de chicos y chicas que tienen pareja.

El análisis de la influencia del sexo en la presencia y estabilidad de las parejas ha mostrado que las chicas tienen más relaciones de pareja actual y llevan más tiempo con sus parejas que los chicos. Investigaciones desarrolladas en otros países no han encontrado diferencias a este respecto (Connolly et al, 2004; Menesini y Nocentini, 2008) si bien en España, algunos estudios si han confirmado esta tendencia aunque utilizando muestras de mayor edad (Martínez, 1997; Martínez y Fuertes, 1999).

El estadio de las relaciones sentimentales ha mostrado resultados en línea con los datos presentados. Así, son significativamente más chicas las que se sitúan en el estadio de las “relaciones serias” mientras que los chicos lo hacen en el estadio de los “grupos mixtos”.  

Por lo que se refiere a la calidad de las relaciones sentimentales, y aunque este ha sido un estudio preliminar, nuestros resultados apuntan a que los y las  adolescentes y jóvenes estudiados describen un buen nivel de satisfacción con sus relaciones de pareja, se comunican bien y tienen expectativas positivas sobre la continuidad de su vínculo amoroso, mientras que las puntuaciones son más bajas en los indicadores negativos de las relaciones de pareja.

Si analizamos estos datos generales diferenciando entre chicos y chicas, encontramos que son las chicas las que se sienten más satisfechas con sus relaciones de pareja y tiene más expectativas de continuidad de la relación. Si bien es cierto que son ellas también las que refieren mayor número de conflictos en sus relaciones de pareja, con relación a los chicos; siendo estos quienes tienen una mayor tendencia a transgresión.

Estas diferencias entre chicos y chicas pueden tener diferentes interpretaciones. Algunos estudios han propuesto explicaciones derivadas de postulados sociobiológicos (Buss y Schmitt, 1993), mientras que otras centran su atención solo en los aspectos sociales y culturales, concretados en la presión social y las expectativas de rol para chicos y chicas (Martínez, 1997). Pero tal vez sean las aportaciones desde la teoría de la “inversión en la relación” las que nos permitan una mejor comprensión de los resultados de nuestro estudio. La “inversión” que las personas realizamos en nuestras relaciones de pareja se deriva directamente del compromiso, la intimidad y de todo aquello que aportamos a la relación, repercutiendo en la satisfacción que tenemos y, por tanto, en las expectativas de continuidad. De esta forma, las chicas presentarían niveles más altos de satisfacción en sus relaciones de pareja porque invierten más que los chicos en las mismas (Martínez y Fuertes, 1999; Surra y Longstreth, 1990).

Respecto de la edad encontramos que son los chicos y las chicas más jóvenes (14-15 años) quienes presentan menos comunicación, satisfacción y expectativas de continuidad que los y las adolescentes mayores (16 años y 17-20 años). Sin embargo, también presentan menores índices de conflictitividad y tienen relaciones sentimentales que son menos serias.  

Estos resultados sugieren que las diferencias en la calidad de las relaciones sentimentales en función de la edad parecen estar mediadas por el estadio de la relación en el que se encuentren los chicos y chicas, tal y como también han concluido estudios anteriores con muestras de edades similares (Bethke y DeJoy, 1993; Menesini y Nocentini, 2008), y estudios realizados sobre violencia sexual entre compañeros y en las relaciones de pareja (Ortega, Ortega-Rivera y Sánchez, 2008). 

El segundo objetivo que nos planteamos para este trabajo era la exploración de los comportamientos violentos en las relaciones de pareja adolescentes. Respecto a este objetivo sabemos que los conflictos de pareja están poco presentes; sin embargo, un número no desdeñable de adolescentes y jóvenes sí está implicado en formas de violencia que anuncia la presencia de comportamientos nada positivos: meterse con el otro (insultos y ridiculizaciones verbales), amenazarlo con romper la relación, e incluso la agresión física, están presente de forma ocasional en un alto porcentaje de estas parejas juveniles y en un pequeño número de ellas de forma muy frecuente.

Respecto de la frecuencia de los comportamientos violentos que nuestros adolescentes y jóvenes asumen que han realizado o de los que han sido víctimas los resultados son en gran parte inesperados. Tanto las chicas como los chicos se confiesan agresores ocasionales de sus compañeros sentimentales sobre todo en agresiones verbales y relacionales –solo en la agresión física está algo por encima la respuesta agresiva de los chicos- diferencias que de nuevo se difuminan desde el punto de vista de la victimización (sufrir violencia a manos del novio o novia).

La variable edad tampoco tiene influencia en la tipología de comportamiento agresivo que se ejerce y recibe en las relaciones de pareja. Por lo tanto, no hemos encontrado en este estudio una edad en la que existan más riesgos de sufrir o ejercer violencia en las relaciones de pareja.

Por el contrario, estos datos sí nos están mostrando una tendencia no desdeñable y que se confirma en otros estudios: la alta implicación que tanto chicos como chicas tienen en los comportamientos, aunque sea de forma ocasional, siendo que además esta implicación es doble, tanto en el rol de agresor/a como de víctima (Fernández-Fuertes, Fuertes y Pulido, 2006; Menesini y Nocentini, 2008;  Ortega, Ortega-Rivera y Sánchez, 2008). Esta tendencia podría conllevar el establecimiento de una dinámica estructural violenta entre los miembros de pareja, con una mayor facilidad para perpetuarse en el tiempo.

Cabe resaltar también las diferencias encontradas en los índices de implicación en función del tratamiento realizado de los datos. Creemos que este hecho es un factor relevante que debe considerarse a la hora de realizar estimaciones. Por un lado, la consideración de la frecuencia de aparición permite discriminar a aquellos chicos y chicas implicados de forma seria y persistente en fenómenos violentos dentro de la pareja. Por otro lado, el uso de escalas parece inflar los resultados aunque aportan visiones más globales del fenómeno. Quizás, tal y como se ha realizado en otros estudios, el uso de escalas debería acompañarse de la diferenciación de los comportamientos en términos de gravedad, como la agresividad física leve, y la agresividad física grave.

Para acabar no podemos sino dejar constancia de las limitaciones de este trabajo.  La mayor limitación es el tamaño de la muestra que no nos permite generalizar ni transferir resultados a otras poblaciones. Una muestra mayor nos permitirá analizar la relación entre la calidad de las relaciones sentimentales adolescentes y la implicación o no en problemas de violencia en la pareja.

De la misma manera, el presente estudio ha tenido carácter descriptivo, por lo que futuros estudios en los que se realicen análisis que nos permitan profundizar en la dinámica que se establece en las relaciones de pareja adolescente y en el significado que estos comportamientos violentos tienen para los chicos y las chicas, nos permitirían conocer algo más como se establecen dinámicas relacionales basadas en la conflictividad e incluso en la asimetría.  

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Notas de autor

Este estudio se ha realizado dentro del proyecto Violencia y Cortejo Juvenil (SEJ-2007-60673-EDU) del Plan Nacional de I+D, Ministerio de Educación y Ciencia.

 

 
   
                                                 
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